Despiértome ante tres
palmeras de hojas rayadas.
Una mujer sin pupilas,
que conozco, y de ojos hermosos,
me comenta que ha perdido
su mirada.
-Te veo igual, me dice.
-Te quiero igual, le digo,
no nos llevemos en vida
a estos extremos,
salgamos mejor de este agujero.
Y ella me responde -Acuérdate,
o mejor, date cuenta
que estamos en un sueño,
que yo en carne
ya no estoy contigo,
pero siempre seré
tu fiel Imago,
sólo tuya,
sólo viva en tu memoria.
Mi razón me revela
un perro con sarna,
con un anillo en carne viva
alrededor de cada ojo,
hermano de una que murió,
también de sarna,
el viernes pasado,
y me dice,
-Todos estamos de paso,
sólo la muerte tenemos seguro,
y solo la tierra vive tras generaciones,
mírala y piensa si
ella merece que la cuides.
Y yo le pregunto,
-¿y si muero? yo la cuidaré,
pero ¿y si muero?
¿quién cuidará de mi después de eso?
Imago pone una mano sobre mi hombro,
me mira con sus ojos de pez y me dice,
-Cree. Yo estaré ahí para cuidarte.
Se va como humo,
yo la miro y sólo veo tres palmeras
de hojas rayadas,
injertos sin frutos, estériles como
la vida que crea el hombre.
Sólo eso mientras vivo.
Moriré para estar con ella.
Esto hace suspirar.
ResponderEliminarUn suspiro en la madrugada...
EliminarO dos.
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